En los artículos anteriores de esta temporada explicamos por qué un mercado complejo funciona con una lógica diferente. Pero reconocer esa complejidad no significa atribuirle todos los problemas al mercado.
Primero revisa si la promesa es clara, si la evidencia está disponible, si compradores y expertos reciben la atención que necesitan y si marketing, ventas y canal trabajan con la misma información.
Cuando esas fricciones disminuyen, resulta más fácil distinguir dos escenarios. Si la decisión comienza a avanzar, el principal problema estaba en la gestión. Si, aun después de ordenar lo que la empresa puede controlar, la compra sigue dependiendo de terceros, momentos o condiciones externas, entonces estás frente a una complejidad real.
Antes de gestionar lo que ocurre afuera, elimina la dificultad que estás creando dentro.